lunes, 30 de mayo de 2011

San Marcial, balcón sobre la bahía de Txingudi

Este lugar de Aldabe asoma su mirada sobre una notable extensión del estuario de Txingudi, escenario de tierras disputadas, de batallas y juegos guerreros. En esta atalaya se levanta además una ermita, como ya es tradición en muchos lugares de nuestra geografía, esta dedicada a San Marcial.
La historia nos trae al recuerdo que en 1522 los guipuzcoanos lanzaron en estas laderas batalla contra un ejército de navarros, franceses y tudescos que servían al rey de Navarra, Enrique de Albret, quien se había apoderado del castillo de Behobia y también de Fuenterrabía.
Sería aquella la primera batalla de San Marcial y, habiéndola vencido, los irundarras hicieron voto de subir hasta aquel alto en procesión el día del santo, es decir cada 30 de junio. Y así se vino haciendo hasta que el 11 de agosto de 1796 un rayo destruyó completamente la ermita y esto hizo desaparecer la histórica procesión a la peña de Aldabe.
La reconstrucción del templo en 1804 permitió restaurar también el alarde que ahora se sigue haciendo sin faltar un año y combina en una sola dos celebraciones: la religiosa y la militar. La procesión se desarrolla el mismo día que en Irun se festeja el alarde, conmemoración que antaño se hacía por San Juan para recordar la victoria militar sobre los franceses. Hoy, San Marcial es un remanso de paz, un parque visual y un paseo de tranquilidad al que hay que subir desde Irun, en coche pero también puede hacerse a pie.
En Irun el viajero tiene casi obligación de visitar Santa Elena, la ermita de orígenes romanos que se ubica bajo la colina de San Marcial. A sus pies, al paso también por la fuente del mismo nombre, pasa el camino que lleva hasta la colina. Es una estrecha ruta local que se puede caminar buscando algunos atajos. Se sube en revueltas, no muchas, en tiempo también breve y poco a poco la línea del horizonte se hace más extensa.
Rápidamente se domina la atalaya de Aldabe y la ermita de San Marcial está allá arriba, encaramada en su alto, preciosamente encalada, austera y con su retablito barroco en el interior.
El derredor de San Marcial es campestre, invita a tomar la sombra bajo su arbolado cuando el sol aprieta y ahora cuenta incluso con merendero donde pedir un refresco y un pintxo.
Pero lo que vale sobre todo de este balcón privilegiado es su larga mirada sobre las últimas aguas del Bidasoa antes de que este se haga al mar, la apretada urbe de Irun que fue nudo fronterizo, las tranquilas aguas del estuario de Txingudi junto a las que se asoma Hondarribia. Hacia el interior, hacia los confines de Gipuzkoa en Nafarroa, se recorta con su negra silueta el relieve de Aiako Harria, cerrando el horizonte. Todo esto hace de San Marcial un punto de mira inigualable, un objetivo de entusiastas de los panoramas

No hay comentarios: