lunes, 18 de febrero de 2008

Camino Real de la Sopeña

Muchos son los caminos que jalonan nuestro territorio. Algunos prácticamente han desaparecido y otros se mantienen como fiel reflejo de lo que fueron y dispuestos a mostrarnos rincones inhóspitos pero abiertos para el montañero. Uno de ellos es el Camino Real de la Sopeña, el que fuera el eje principal de comunicación del territorio ayalés.
El estado de olvido actual de aquella vía tan influyente para el comercio y desarrollo de Aiara no impide que los mayores recuerden que hasta no hace mucho era habitual ver mercaderes transportando sus productos a las feria de Artzeniega, Kexaa o Orduña. Se trata, pues, de un camino lleno de historia y una excelente oportunidad para conocer Aiara de una manera novedosa y sugestiva.
El Camino Real de la Sopeña nos muestra la historia de la comarca desde la perspectiva y la lógica de la arteria que la gestó y que fue el indudable eje vertebrador de la misma hasta hace prácticamente un par de siglos, antes de que se potenciasen otras rutas.
El camino nace en Orduña para avanzar hacia el dolménico Alto de Las Campas primero y Lendoñogoiti después, punto éste donde se empieza a sentir el Camino Real de la Sopeña.
Desde este punto vuela el camino diáfano sobre las tierras alavesas, entrando de lleno en Aiara, más concretamente en una de sus cinco cuadrillas, la de la Sopeña, conformada por una docena de pueblos, los más elevados de Aiara. A los pies del Iturrigorri, una barrera de hierro y una cercana piedra con una cruz grabada certifican el cambio de territorio histórico que se acaba de realizar. Atravesando bellos bosques en los que se alternan hayas, quejigos y pinos silvestres pronto irrumpen extensos pastizales que recuerdan al caminante que se encuentra en una tierra exclusivamente ganadera.
El camino sigue al encuentro de las aguas del regato Ias, el cual, una vez baldeado, y ya a los pies del pico Ungido, nos despide o saluda, quién sabe, del Camino Real para enlazar con Madaria, antaño famoso por el monasterio de Obaldía.
Pronto el caminante se topa con una carretera que accede a Kobata, subiendo por el histórico portillo de Aro, para, más adelante, llegar a Fletar, paraje conocido por el dolmen donde se dice que fueron enterrados unos moros. Esta vía acerca al caminante hasta Menoio primero y a la monumental Kexaa (Quejana) algo después, para discurrir más adelante por una ruta excavada en la peña hasta toparse con los ramales que le llevan a Erbi y Lexartzu. Algo más adelante, el caminante abandona el Camino Real que se adentra en tierras burgalesas del valle de Mena. Se desciende a Añes, donde sus dólmenes y románico constutyen la excusa perfecta para dar por finalizado después de tres horas un periplo de suave caminar.Los más osados se pueden continuar el camino desde Añes hasta la villa de Artzeniega, pasando por Soxo, conocido pueblo por sus muchas casas torres.