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jueves, 21 de octubre de 2010

Pico Ranero, dominando el valle de Karrantza

La cima de Ranero domina el macizo kárstico que se eleva sobre el valle de Karrantza enfrentado al Pico Moro. Entre ambas atalayas dibujan la más fotografiada de las estampas del valle vizcaíno, allí donde la prehistoria encontró cobijo para plasmar algunas de las más valiosas muestras de arte rupestre de Bizkaia.
La ascensión al Pico Ranero, pese a ser corta, ofrece un terreno de aventura en el que los caminos no son evidentes y donde el paisaje sugiere búsqueda y dificultad.
El sendero que se aproxima al Pico Ranero arranca junto al centro de visitantes de la cueva de Pozaluaga. La rampa de ascenso a éste ha hurtado los primeros pasos al sendero que debe ahora buscarse tras la valla del camino hormigonado. Entre zarzas y muy poc marcado avanza al Noroeste un impreciso trazado que debe esquivar algunas rocas antes de alcanzar el collado de Valseca. Al otro lado del portillo el panorama es magnífico prolongándose hasta la costa de Cantabria.
Hemos llegado hasta el colado por ver el paisaje, pero hay que retroceder un poco -unos 200 metros- para tomar un sendero que flanquea la ladera al Sur-Suroeste bajo la cresta del Valseca buscando el paso sobre pequeñas praderas entre un caos de roca caliza. En breve y tras un corto repecho, en el que se debe pasar un portillo de roca, el sendero se dibuja escasamente sobre agradables praderas que se asoman hacia el Pico Ranero.
Estamos caminando sobre las entrañas huecas de la montaña que esconde la Torca del Carlista y la Cueva de Pozalagua, aunque nada hace sospecharlo en la superficie. El sendero alcanza un pequeño rellano bajo el mismo Pico Ranero. Girando a la derecha con rumbo Norte, basta trepar las calizas afiladas que nos separan de la cima para coronarla.
Pero este objetivo no puede ser suficiente; hay que llegar a asomarse sobre el valle desde el extremo del macizo, donde éste cae a pico hacia el río. Entonces hay que seguir desde el rellano hacia el Suroeste atravesando un vallecito herboso y remontando al otro lado un reborde de rocas. Con cuidado, se puede asomar la nariz sobre las murallas tentadas por los escaladores y acariciadas casi siempre por el planeo de los buitres. Abajo, en una mirada de vértigo, se descubren algunos tejados solitarios y el Karrantza, que se oculta entre la vegetación mientras la silueta de El Mazo parece desafiar en compwetencia al Ranero

martes, 10 de noviembre de 2009

Las cuevas de Pozalagua cierran hasta 2010

A mediados del mes de octubre, los responsables de las cuevas de Pozalagua, en Karrantza, iniciaron las obras de sustitución de la actual iluminación por otro sistema con el que se conseguirá mayor potencia sin alterar la temperatura. Durante los tres meses que durará la reforma, la caverna deberá permanecer cerrada al público, estando prevista la reapertura oficial para mediados de enero.
El objetivo de las obras es potenciar la belleza de la cueva, que presume de tener una de las mayores concentraciones de estalactitas excéntricas del mundo, así como columnas de estalagmitas de un llamativo color blanco.


La nueva iluminación podrá colocarse más cerca de ellas y de las paredes de la cavidad sin producir calor que las dañe.

viernes, 14 de marzo de 2008

El subsuelo sin fronteras


El potencial cultural y turístico que atesoran la cornisa cantábrica y los Pirineos al albergar el mayor número de cuevas del Estado español ha impulsado la iniciativa “Mugarik gabeko lurpea/El subsuelo sin fronteras”, que, por el momento, une a seis cavidades de Euskal Herria y Francia para acercar al visitante a estos recursos naturales y crear una ruta de tesoros subterráneos por todo el norte, desde Cantabria al Pirineo catalán.
La iniciativa ofrece, desde el pasado mes de febrero, descuentos en las cuevas de Pozalagua, Mendukilo, Arrikrutz, Sara, Ikaburu y Zugarramurdi, que aún hoy día conservan, muchas de ellas, importantes vestigios de nuestros antepasados, sus ritos y sus mitos. Las seis cuevas hermanadas pretenden llevar al visitante a descubrir estas cavidades naturales de extraordinario valor geológico, estético y antropológico. Los promotores de la idea negocian ahora con cuevas de Cantabria, como la de El Soplao; Las Güixas, en Aragón; e Isturitz para su inclusión en el recorrido de grutas con descuento.En la práctica, la iniciativa consiste en la entrega de un ‘pasaporte’ en el que se colocan sellos de las cuevas visitadas. Gracias a la acumulación de membretes se consigue un descuento del 20% en futuras entradas. Si se completa la ruta en menos de un año, el visitante obtendrá un premio.

jueves, 7 de febrero de 2008

Pozalagua, viaje al centro de la Tierra


Son muchas las personas que acuden a Karrantza en busca de las famosísimas cuevas de Pozalagua que tienen algunas de las estalactitas excéntricas más sorprendentes de toda Europa y que por supuesto hay que ver al menos una vez en la vida.
En lo alto de la peña Ranero, junto a un impresionante mirador sobre el valle de Karrantza, se encuentra una de las más bellas entradas al centro de la Tierra. La incomparable acumulación de estalactitas excéntricas, ésas que no siguen la ley de la gravedad sino que crecen igual en horizontal que retorcidas, consiguen que el visitante se sienta impresionado.
Oculta durante unos 40 millones de años, una voladura en la cercana cantera de Dolomita la sacó a la luz el Día de los Inocentes de 1957. Un feliz capricho del destino, que si bien obligó a cerrar la explotación, hoy permite disfrutar de una preciosa sala central sin parangón. Con una bóveda de 20 metros sujeta por majestuosas columnas de caliza, dolomía y óxido de hierro, forjadas gota a gota y decoradas por las delgadas, frágiles y huecas estalactitas excéntricas, Pozalagua es la cueva del mundo con mayor concentración de estos antojos geológicos sin explicación.
Y sigue viva, ya que cada 100 años las estalactitas crecen un centímetro. Unas 45.000 personas descubren este paraíso subterráneo cada año.
En sus paredes se puede encontrar la cara de una bruja; un sauce llorón, una bandera con forma de lámina de panceta y hasta una columna con forma de órgano de iglesia.
El recorrido, accesible para personas en silla de ruedas, siempre guiado, dura unos 45 minutos. Y no olvide el jersey, la sima mantiene una temperatura estable de trece grados.