Mostrando entradas con la etiqueta Dos Hermanas. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Dos Hermanas. Mostrar todas las entradas

martes, 22 de abril de 2008

La Ventana de las Brujas

El desfiladero de los Penitentes es el rincón más conocido y accesible del Monte de Azuelo. Sin embargo, este pequeño valle forma parte de un escenario natural más amplio que incluye también las cumbres de la sierra de Codés. El pico más alto de esta última es la peña de Yoar (1.416 metros). A su lado se encuentran también un conjunto de peñascos entre los que destacan Punta Blanca y Risco Royo.
Estas cumbres son una atalaya perfecta de la antigua frontera entre Navarra y Castilla (hoy, Rioja). Su difícil acceso, y las caprichosas formas adquiridas por las rocas con el tiempo y la erosión, envuelven de misterio estas insólitas breñas. Algunas reciben nombres tan sugerentes como la ventana de las Brujas, el Puente del Infierno y la cueva del Moro.
Aunque no hace falta ser experto montañero para subir hasta aquí arriba, es necesario ir acompañado de alguien que conozca los senderos.
Desde la ventana de las Brujas, se divisan a lo lejos la peña de Lapoblación, y más cerca la antigua localidad fortificada de Aguilar de Codés. Según la leyenda, en la torre de la iglesia de este ultimo pueblo descansaban las brujas de Viana antes de subir a los peñascales de Codés para celebrar sus aquelarres. Estas cumbres legendarias son también un atalaya perfecta del monte de Azuelo, con las dos Hermanas y el desfiladero de los Penitentes.
Según se dice, antiguamente los vecinos de este pueblo utilizaban las laderas del monte para cazar, pastar con el ganado y abastecerse de leña y carbón.

lunes, 21 de abril de 2008

Valle de los penitentes

En el monte de Azuelo se encuentra uno de los rincones más bellos de la sierra de Codés. Un circo de gigantescos monolitos rodea el espeso bosque de encinas donde tenían su guarida el bandido Juan Lobo y las brujas de Aguilar.
Antes de que se construyeran los monasterios de Azuelo (siglo XI) y el actual santuario de Kodes (XVI), había en las faldas de la sierra de Yoar varias ermitas diseminadas por el bosque. Algunas de ellas -como las de San Martín y Santa Engracia-, se encontraban en el interior de este círculo de peñascos rojizos conocido como el valle de los Penitentes. Según se comenta, a principios del siglo XX, había todavía bastantes peregrinos que subían descalzos hasta Santa Engracia, ermita desaparecida a mediados del pasado siglo. Quizás de ahí le venga el nombre a este abrupto desfiladero rodeado de encinas y vigilado por dos hileras de gigantescos monolitos.
Este conjunto de piedras parece un desfile de monjes con sus casullas, lo cual sugiere también una posible relación con el nombre del valle. En la zona se dice que uno de estos perfiles corresponde al abad de Otiñano, el cual se destacó en el siglo XVI por sus peleas dialécticas con el brujo de Bargota. Según la leyenda, este último petrificó al abad mediante un conjuro, y lo sumó a la hilera de peñas del desfiladero.
Nadie sabe exactamente cuál de los monolitos es el que corresponde al abad. En cambio todo el mundo identifica las dos enormes piedras que flanquean la línea de los Penitentes. Estas dos rocas, tipo mallo, se conocen con el nombre de las Dos Hermanas.
Como otros parajes del entorno, estas dos enormes peñas tienen también su leyenda particular. Según cuentan en Azuelo, antaño vivían en el pueblo dos huérfanas esclavizadas por su madrastra. Un día, las hermanas se marcharon de casa y se refugiaron en el monte. Cuando la madrastra se dio cuenta de su ausencia, lanzó una maldición contra ellas: «Ojalá os convirtáis en piedras», dijo. Y a la mañana siguiente, aparecieron estas dos grandes peñas, como una monstruosa representación de las niñas».
Otra roca con nombre propio es la peña del Anillo. Esta última se encuentra al sur de los Penitentes, y está completamente rodeada de encinas, de modo que parece una isla puntiaguda o un penitente más que asciende entre el verde y espeso bosque. El desfiladero de los Penitentes es el rincón más conocido y accesible del Monte de Azuelo. Sin embargo, este pequeño valle forma parte de un escenario natural más amplio que incluye también las cumbres de la sierra de Codés. El pico más alto de esta última es la peña de Yoar (1.416 metros). A su lado se encuentran también un conjunto de peñascos con formas caprichosas entre los que destacan Punta Blanca y Risco Royo. La leyenda vincula estos abruptos parajes a la figura del Juan Lobo, el célebre bandido capturado por los ballesteros de Torralba del Río; y también a los brujos y brujas de Viana y del valle de Aguilar.

jueves, 13 de marzo de 2008

Encina de las Tres Patas en Mendaza


El término municipal de Mendaza se extiende por el valle de la Berrueza, enmarcado por las sierras de Lóquiz y Dos Hermanas. Lo recorre por su parte Norte el río Ega y, por el Sur, el río Odrón. También cruza el municipio el arroyo Galbarra, que poco después de Acedo desemboca en el Ega.
La Sierra de Lóquiz alberga buena parte de la riqueza natural del término. En ella crecen robles, quejigos, carrascas y distintos tipos de arbustos, y podemos encontrar numerosas especies animales: corzos, jabalís, buitres leonados, cernícalos... Además, en los bosques del municipio hay zorros, tejones, ginetas, gavilanes o ratoneros comunes.
Cerca de la ermita de Santa Coloma, a 15 minutos a pie desde Mendaza, se encuentra la Encina de las Tres Patas, catalogada como Monumento Natural de Navarra y motivo de orgullo de los vecinos del municipio y de toda la comarca de Tierra Estella. Es este un ejemplar único de encina Quercus Ilex que tiene el interior hueco y se apoya únicamente en tres contrafuertes, tres recios pilares que sostienen varias toneladas de tronco y ramas -tiene 15 metros de altura y 7,7 metros de perímetro- y que le hizo merecer la declaración de Monumento Natural en el año 1991.
Su edad ha sido calculada en unos 1.200 años, por lo que se trata de uno de los árboles más longevos de la Península Ibérica. Hasta siete personas tienen cabida entre esas tres patas milenarias que siguen desafiando al tiempo.