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sábado, 19 de diciembre de 2009

El Zalama recupera su turbera

Tal y como anunciaba ayer el diario El Correo en su edición impresa, el convenio de colaboración suscrito entre la Diputación y la Obra Social de La Caixa para la conservación de los espacios naturales de Vizcaya se ha materializado este año en cuatro actuaciones fundamentales. Cuatro iniciativas que han supuesto una inversión superior a los 400.000 euros y que se han centrado en recuperar espacios de especial interés ambiental como la turbera del monte Zalama, un ecosistema «único» en Euskadi formado a partir de las frecuentes nieblas y nubes que cubren de humedad esta zona de pequeñas cumbres montañosas.
Situado a más de 1.000 de metros de altura entre los valles de Carranza y Mena y enclavado en el Lugar de Interés Público (LIC) de Ordunte, este espacio corre el riesgo de «desaparecer» debido a los efectos de un proceso «regresivo» en el que, según los ecologistas, influyen varios factores, entre ellos la actividad humana. El tratamiento específico de este hábitat ha sido financiado con 55.000 euros y ha consistido en la instalación de una malla geotextil de fibra de coco de características biodegradables en una superficie superior 1.470 metros cuadrados. El objetivo que se persigue, según se explicó ayer durante la presentación de las iniciativas, es reducir la erosión de la turbera en sus puntos «más significativos» y favorecer la recolonización de especies de la zona.
El convenio entre el Departamento foral de Agricultura y La Caixa, por el que la entidad financiera se comprometió a aportar en tres años 1.200.000 euros en diversos proyectos, también se ha centrado en crear una iluminación «adecuada» a las condiciones ecológicas de las cuevas de Pozalagua. Del mismo modo, se han creado paseos para personas con discapacidad en varias áreas recreativas (Vivero-Galdakao, Montefuerte-Arrigorriaga y Akarlanda) y se ha «redefinido» la red de senderos del Parque Natural de Urkiola.

domingo, 24 de febrero de 2008

La senda de los buitres


El proyecto de instalación de un parque eólico en el paraje conocido como Llana de Salduero, en el término municipal del valle de Karrantza, amenaza las alturas de la sierra de Ordunte. Esta instalación provocaría un fuerte impacto en una zona de gran belleza paisajística, donde está ubicado el comedero de buitres o ‘buitrera’ de la ladera de Santipiñia.
La mejor manera de comprobar la belleza de este rincón de los montes de Ordunte es con una ascensión a Zalama por Campo Calero (Karrantza). En el camino se atraviesa la Llana de Salduero, donde se presenta la opción de subir a Lamana, una de las alturas menos visitadas de este largo arco montañoso.
El letrero ‘GR 123 Salduero’ que se encuentra en el alto de Campo Calero, en la carretera entre Lanzas Agudas y La Calera del Prado, indica la dirección de la marcha. Se comienza a caminar por una pista ancha que sube por la ladera de Santipiñia en dirección a la ‘buitrera’.
El comedero de los buitres impresiona. La envergadura de las aves, inofensivas y que no se deben molestar, y los huesos esparcidos por los alrededores atraen la atención. La ruta obliga continuar hacia las alturas. Es un continuado zig-zag que conduce hasta el collado. En este punto se alza un refugio de madera de la Diputación. Un poco más arriba, Santipiñia.
La misma pista hacia Salduero interna en el barranco de Pozo Negro (derecha). Se pasa bajo la cima de Peñalta, coronada por un curioso buzón del Lutxana, antes de alcanzar la amplia llanura herbosa de campo o Llana de Salduero. En dirección oeste aparecen Lamana o Maza de Gumadermia y la achatada cima de Zalama al fondo.
Un ancho camino que se adivina en la pradera de Salduero permite aproximarse a Lamana. La loma de subida a Zalama, cuya cumbre no se distingue desde este punto, aparece de frente. Para alcanzarla, se debe bajar sin camino hasta el collado y encarar sin sendero preciso la durísima subida final.Este tramo, muy pendiente y sin referencias se hace interminable. Unos minutos después, se llega al punto culminante de los montes de Ordunte. Zalama posee un vértice geodésico enorme. Las vistas abarcan los cuatro puntos cardinales y en los días despejados es posible ver el mar. La vuelta se realiza por el mismo camino. Y si se puede ‘jugar’ con la posibilidad de que un coche venga a buscar al montañero, siempre queda la opción de bajar hasta San Pelayo o a Aguera (Burgos).