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martes, 26 de octubre de 2010

Cantoblanco, sobre Añana y Pobes

Cantoblanco, 'Centenario' alavés, se eleva entre Salinas de Añana y Basquiñuelas, un pueblo refugiado en un vallejo boscoso, en la divisoria de las cuencas de los ríos Omecillo y Bayas, una aldea minúscula, que ya aparece documentada en el Voto de la Reja de San Millán (año 1025). Una pista sale detrás de la iglesia (izq.). Al principio llanea, con el arroyo a la izquierda, aunque pronto comienza a subir. Campos de cereal -trigo y cebada- nos acompañan en este tramo, hasta que llegamos al depósito de agua. Las antenas que coronan la cima de Cantoblanco se divisan a nuestra derecha. Los pinos llegan casi hasta ellas.
Poco más arriba está el alto, donde sobresale una válvula del gaseoducto. Otra pista (derecha), de tierra y maltratada por los tractores, remonta la cuesta. Lleva al borde de una vaguada, ahora trigal, por donde iba el camino. Bordeamos por el lindero superior y entramos en un pinar. Reaparece el antiguo sendero, estrecho pero bien marcado, que nos lleva hasta una pista que sube de la carretera. El camino es empinado, de cantos rodados sueltos y molestos. Permite ganar metros con rapidez. Supera una cancela y entre pinos y alguna encina llega a un rellano. Hay una charca -seca en verano- junto a la que pastan caballos y vacas. Cantoblanco destaca a la derecha.
El terreno se abre y la pista nos acerca al borde de la sierra. Con Artaza abajo, a la izquierda, seguimos el camino, en realidad un cortafuegos, hasta la cima del Pinachos. No hay buzón. Ya por terreno abierto y pedregoso salpicado de pinos descendemos a un collado. Un pequeño esfuerzo y pisamos Cantoblanco. Vértice geodésico, antenas y buzones. Uno roñado y antiguo, casi una reliquia. Otro más moderno del Iberduero. Amplio panorama que abarca las sierras de Arkamo, Badaia, Arcena, Valderejo, Obarenes...
Para volver a Basquiñuelas, abajo, escondido entre pinos, seguimos la loma. Tras pasar por una tercera cota, Lagunos, también sin buzón, iniciamos un largo descenso hasta el collado por donde cruza el camino de Escota. Una portilla y nos adentramos (derecha) en el pinar. La pista pierde metros con rapidez y llega a un rellano en el fondo del barranco. Nueva cancela que da paso a otra pista. Subimos por ella (derecha) hasta enlazar con la ruta de subida y volver al pueblo, donde está la única fuente de la marcha.

sábado, 25 de julio de 2009

Añana restaura sus eras

Décadas después del abandono sufrido de las explotaciones para la extracción de sal de salinas de Añana, se ha creado una fundación que permitirá restaurar en poco más de tres años las cerca de 5.000 eras que dan al valle salado su reconocible silueta.
La recuperación de las piscinas de salmuera busca producir sal de consumo de alta calidad y venderlo a los gourmet de todo el mundo. No en vano, la sal de Añana está incluida en la lista de productos "El Arca del Gusto" que promueve la corriente ecogastronómica "Slow Food".
Para 2010 se podrá tener ya en las mesas la sal y la flor de sal de Añana. La recuperación de las eras y la venta de sal pretenden dar alas a un proyecto que aúna la economía, el medioambiente y la cultura, siendo el valle salado un monumento vivo de visita ineludible.

lunes, 6 de julio de 2009

Desde San Juan de Acre hasta el lago de Arreo

En alguna otra ocasión ya hemos tenido oportunidad de hablar de Salinas de Añana, cuya historia está relacionada directamente con la historia de la sal. Este fin de semana hemos vuelto a disfrutar de la hospitalidad de este encantador lugar en casa de uno de los muchos Diaz de Tuesta que habitan (y habitaron) por estos lares, donde nos hemos reunido para celebrar los cumpleaños de Ana e Iñigo. Y como la diversión nunca se ha reñido con el deporte, igualmente hemos podido practicar algo de senderismo.
La opción elegida ayer fue la seguir el camino que desde el Monasterio de San Juan de Acre (en la parte alta de Salinas) conduce hasta el lago de Arreo o Caicedo. Apenas 4 kilómetros que se cubren sin ningún tipo de dificultad y que posibilitan descubrir a los más pequeños de la familia la naturaleza en su estado más puro.
En definitiva, una buena oportunidad para reunirse algunos amigos y hacer algo de deporte, ¡qué nunca está de más!

domingo, 6 de enero de 2008

El valle salado, un lugar mágico

La historia de Salinas de Añana es la historia de la sal, en torno a la cual giraba todo el desarrollo del municipio en la Edad Media. Sus manantiales de agua salada y la actividad de la sal aparece documentada ya en el año 822, poco antes de que los árabes la ocuparan en el 865.
Su paisaje está totalmente caracterizado por las eras de sal - monumento nacional de Euskadi-, sencillas plataformas sostenidas por pilares de madera y muros de piedra y ordenadas en grupos o granjas, cada uno de los cuales cuenta con uno o dos depósitos –terrazos- donde se guarda la sal obtenida. La extracción de la sal se realiza por evaporación de las aguas del río Muera, las cuales son canalizadas hacia las eras aprovechando el desnivel del terreno.
En la actualidad se ha comenzado a restaurar el complejo de las salinas dado el estado de deterioro en el que se encontraba desde el abandono de la actividad salinera. Asimismo, también es posible realizar visitas guiadas por el Valle Salado y conocer el proceso de extracción artesanal de la sal, así como los diferentes elementos que intervienen en él.
Precisamente desde Salinas de Añana –desde la iglesia de Santa María de Villacones- sale este sencillo recorrido de ocho kilómetros, que nos posibilita visitar el río Muera, adentrarnos en un encinar que nos lleva al lago de Caicedo Yuso - humedal que alberga una gran biodiversidad, entre la que destacan las aves acuáticas y migratorias-, contemplar la Ermita de Ntra. Sra. del Lago para, poco más tarde acercarnos al Monasterio de San Juan de Acre y, finalmente, volver al punto de partida.