Mostrando entradas con la etiqueta Itxina. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Itxina. Mostrar todas las entradas

jueves, 8 de septiembre de 2011

Paseo por el macizo calizo de Itxina

El basajaun tuvo allí su morada, también Mari, la diosa mitológica; fue incluso hogar de los osos y siempre mundo de nieblas y luces sobrecogedoras. Itxina y sus roquedos profundos componen uno de los enclaves más peculiares de la geografía vasca por su ecosistema singular y por sus paisajes increíbles.
Son diversos los caminos que permiten llegar hasta su corazón pero, entre todos, el más singular es sin duda el que cruza la ventana natural de Atxular y atraviesa desde allí hasta las praderías de Arraba, utilizado con frecuencia por los pastores que han ocupado desde antiguo las chabolas de Itxina.
Subiendo la pista que lleva desde Areatza hasta Pagomakurre se disfruta de una panorámica creciente hacia los horizontes de Bizkaia, con el cordal de Anboto presidiendo el paisaje. Al lado contrario, el crestón calizo de Itxina concluye en las agujas de las Atxas y solo permite adivinar en su frente el hueco de Atxular.
Desde Pagomakurre hay que buscar el sendero que arranca frente a la fuente para dirigirse hacia el farallón de Itxina.
Camina llaneando entre cipreses primero, junto a varios grandes tejos después, y luego zigzaguea remontando pendientes a menudo embarradas para llegar a las praderas que recorren la base de la muralla de Itxina junto a la fuente de Atxulaur y al pie de la ventana natural. En un par de trazos remontando la pendiente el sendero penetra bajo la ventana y se adentra en el intrincado roquedo de Itxina. En adelante la atención es necesaria, ya que caminar por el interior de este caos es complicado en días de niebla y por eso no se abandonarán los senderos a menos de ser un experto.
Después de Atxular, el camino avanza un tramo corto hacia el interior y alcanza una encrucijada desde la que se desvía el itinerario que lleva a la cueva de Supelegor. Seguiremos el sendero que gira a la izquierda para avanzar en el mismo sentido del cordal a través de un paisaje retorcido, de pequeñas hayas y espacios pétreos sorprendentes.
Al pie del camino, la sima de Lezabaltz ofrece uno de los muchos puntos de interés reservado a los espeleólogos, que cuentan bajo tierra con un paisaje repleto de simas y galerías.
En una veintena de minutos se llega a las campas despejadas de Landanagusieta, donde se encuentra una de las más antiguas majadas pastoriles de este macizo kárstico, la de Lexardi.
Desde Lexardi el caminito pasa junto a otra vieja chabola de Itxina y sale después al paso de Kargaleku, una hoyada entre las alturas de Gorosteta y Atxajausita que se asoman a las praderías de Arraba desde la altura. Por la izquierda continúa el sendero que desciende directamente hasta Arraba, donde el verde de sus praderas contrasta violentamente con el agreste paisaje que acabamos de cruzar.
Itxina es un auténtico paisaje lunar, caótico, fracturado, repleto de barrancos, simas, y lugares misteriosos y el Lexardi es uno de sus más bellos caminos.

jueves, 24 de febrero de 2011

Itxina, paisaje de mitos y leyendas

El basajaun tuvo allí su morada, también Mari, la diosa mitológica; fue incluso hogar de los osos y siempre mundo de nieblas y luces sobrecogedoras. Itxina y sus roquedos profundos componen uno de los enclaves más peculiares de la geografía vasca por su ecosistema singular y por sus paisajes increíbles.
Son diversos los caminos que permiten llegar hasta su corazón pero, entre todos, el más singular es sin duda el que cruza la ventana natural de Atxular y atraviesa desde allí hasta las praderías de Arraba, utilizado con frecuencia por los pastores que han ocupado desde antiguo las chabolas de Itxina.
Subiendo la pista que lleva desde Areatza hasta Pagomakurre se disfruta de una panorámica creciente hacia los horizontes de Bizkaia, con el cordal de Anboto presidiendo el paisaje. Al lado contrario, el crestón calizo de Itxina concluye en las agujas de las Atxas y solo permite adivinar en su frente el hueco de Atxular.
Desde Pagomakurre hay que buscar el sendero que arranca frente a la fuente para dirigirse hacia el farallón de Itxina.
Camina llaneando entre cipreses primero, junto a varios grandes tejos después, y luego zigzaguea remontando pendientes a menudo embarradas para llegar a las praderas que recorren la base de la muralla de Itxina junto a la fuente de Atxulaur y al pie de la ventana natural. En un par de trazos remontando la pendiente el sendero penetra bajo la ventana y se adentra en el intrincado roquedo de Itxina. En adelante la atención es necesaria, ya que caminar por el interior de este caos es complicado en días de niebla y por eso no se abandonarán los senderos a menos de ser un experto.
Después de Atxular, el camino avanza un tramo corto hacia el interior y alcanza una encrucijada desde la que se desvía el itinerario que lleva a la cueva de Supelegor. Seguiremos el sendero que gira a la izquierda para avanzar en el mismo sentido del cordal a través de un paisaje retorcido, de pequeñas hayas y espacios pétreos sorprendentes.
Al pie del camino, la sima de Lezabaltz ofrece uno de los muchos puntos de interés reservado a los espeleólogos, que cuentan bajo tierra con un paisaje repleto de simas y galerías.
En una veintena de minutos se llega a las campas despejadas de Landanagusieta, donde se encuentra una de las más antiguas majadas pastoriles de este macizo kárstico, la de Lexardi.
Desde Lexardi el caminito pasa junto a otra vieja chabola de Itxina y sale después al paso de Kargaleku, una hoyada entre las alturas de Gorosteta y Atxajausita que se asoman a las praderías de Arraba desde la altura. Por la izquierda continúa el sendero que desciende directamente hasta Arraba, donde el verde de sus praderas contrasta violentamente con el agreste paisaje que acabamos de cruzar.

martes, 27 de abril de 2010

Vértigo en el Axkorrigan

El Axkorrigan señala uno de los tres vértices del macizo kárstico de Itxina, el más septentrional, en la zona más abrupta de este laberinto calcáreo. Es la punta más occidental del colosal paredón que corona el barranco de Sintxieta, ese inconfundible horizonte que caracteriza el valle de Orozko, en la vertical del barrio de Urigoiti.
Pero el Axkorrigan no está solo en las alturas. Tan imponente perfil se ve completado por una serie de agujas calcáreas que escoltan a nuestra peña conocidas como Atxak. Se trata de siete monolitos que oscilan entre los 942 metros de Aizko txiki atxa y los 1.040 metros de Atso-agureak atxa y guardan una estrecha relación con los orígenes del alpinismo vizcaíno, ya que fueron escenario en los albores del siglo XX de algunas de las primeras escaladas de dificultad realizadas en aquellos años.
La ascensión al Axkorrigan es exigente, cualquiera que sea la ruta elegida. Internarse en esta parte de Itxina supone adentrarse en un tortuoso territorio de simas, hoyas, dolinas y lapiaces en el que alejarse del camino indicado es una garantía de problemas. Hay otra opción que evita el karst, aunque a costa de una vertiginosa ascensión que supone un desafío para las piernas y el vértigo, ya que remonta la colosal pared oeste de Itxina.
La marcha comienza en una pequeña área recreativa que hay encima de Urigoiti, con soberbias vistas del paredón oeste de Itxina. Cruzamos una valla y ascendemos por la pista que pasa junto a un depósito de aguas hasta una bifurcación con una arqueta. Seguimos a la derecha una pisa que baja, aunque al poco vuelve a subir, vadea una torrentera y, tras cruzar una valla, se adentra en un hayedo que atraviesa por su parte inferior pasando junto a la plataforma de una carbonera. Pronto sale a terreno abierto, por el que remonta hasta el manantial de Aldabide, protegido por una gran peña. Las aguas de esta surgencia vienen de Arraba tras cruzar todas las entrañas de Itxina.
Una vez en la surgencia, debemos remontar hasta la parte superior de la peña, donde comienza el viejo canal. Junto a él, unas toscas escaleras excavadas en la roca dan acceso a una senda que recorre el barranco mientras se va alejando de la acequia. En este primer tramo gana altura cómodamente, mientras deja atrás la gran canal que da acceso al collado desde el que se escalan las Atxak, y pasamos bajo un evidente espolón justo en la vertical del Axkorrigan.
Una vez superado, un par de grande peñas nos avisan de que ha llegado el momento de remontar el farallón. Sobre nosotros, una gran pedrera da acceso a la gran canal que se va cerrando en las alturas hasta desembocar en el portillo. El sendero, difuso a tramos pero oportunamente balizado con hitos, es empinado, aunque no ofrece dificultades. Remonta la extensa pedrera y se adentra en la herbosa canal superior, donde la gran pendiente otorga a la ascensión una sensación muy aérea. En el último tramo, la senda zigzaguea en la hierba hasta alcanzar el portillo de Atxaragun.
Nuestro objetivo está cerca, pero aún queda un último e incomodo tramo por el lapiaz. A la izquierda del portillo, nos aupamos a la arista cimera y trepamos por ella hasta el pequeño y viejo monolito del extinto Club Bancobao.

miércoles, 21 de abril de 2010

Misterioso Itxina

Itxina es sin duda el corazón del Gorbeia. Declarado Biotopo Protegido en 1995, este submacizo kárstico es mucho más que un espacio geológico singular. Itxina es la esencia misma de Gorbeia, un lugar mágico, repleto de misterios, secretos y tesoros naturales.
Itxina emerge en el centro geográfico del Parque Natural formando una elevada meseta triangular de caótico perfil, quince kilómetros de perímetro y una altitud media de 1.100 metros. El tránsito para realizar esas labores ha dibujado una pequeña red de senderos en este caos calizo. Algunos quedan reservados a los más conocedores del paraje. Pero otros, perfectamente balizados, pueden ser recorridos por los profanos, siempre que no perdamos de vista las marcas que los señalan. Uno de ellos cruza el macizo entre el Ojo de Atxulaur y el paso de Kargaleku. Es la travesía de Itxina.
Partimos de Pagomakurre. Frente a la explanada en la que antes se ubicaba el hostal, un camino cruza entre las mesas y los asadores y se adentra en el bosque, atravesando varios humedales. Por la derecha, un oportuno sendero entre los árboles evita el suelo empapado. Más adelante, la senda cruza una pista forestal, supera un primer farallón y sale a terreno despejado, donde Itxina nos muestra su muralla. Con ligera tendencia a la izquierda, remontamos la loma herbosa camino de la pared caliza, donde no tardamos en divisar el Ojo de Atxulaur. A los pies del crestón buscamos la senda que, en diagonal, lleva a este pórtico natural de Itxina.
A través de lo que en su día fue la entrada de una cueva accedemos al macizo kárstico. Nos recibe una pequeña hoya que bordeamos por la derecha para llegar a una confluencia de sendas. Hacia abajo se sigue hasta Supelegor, por la derecha se va hacia Axkorrigan mientras que por la izquierda vamos a cruzar Itxina hasta Kargaleku.
El sendero no ofrece problemas, siempre y cuando no perdamos de vista las marcas que la jalonan. Cruza de Norte a Sur el macizo bordeando las depresiones de Arkuaxpe, Pozugorri y Elorrebakar, y pasando junto a la sima de Lezabaltz antes de alcanzar la majada de Lexardi y su chabola. Tras superar la única zona de pastos de Itxina, volvemos a transitar entre hayas y rocas para descender a un pequeño paso entre dos hoyas, ascender a un portillo entre peñas y alcanzar Kargaleku, desde donde tenemos la opción de conocer las cercanas neveras de Itxina. Por el paso salimos a Arraba, cruzamos las campas hasta Arrabakoate y retornamos a Pagomakurre.

lunes, 8 de diciembre de 2008

Ascensión al Axkorrigan

El Axkorrigan señala uno de los tres vértices del macizo kárstico de Itxina, el más septentrional, en la zona más abrupta de este laberinto calcáreo. Es la punta más occidental del colosal paredón que corona el barranco de Sintxieta. Junto al Axkorrigan se pueden observar también una serie de agujas calcáreas que escoltan a esta peña conocidas como Atxak. se trata de siete monolitos que oscilan entre los 942 metros de Aizko txiki atxa y los 1.040 de Atso-agureak atxa y guardan una estrecha relación con los orígenes del alpinismo vizcaíno, ya que fueron escenario en los albores del siglo XX de algunas de las primeras escaladas de dificultad realizadas en aquellos años.
La ascensión al Axkorrigan es exigente. Internarse en esta parte de Itxina supone adentrarse en un tortuoso territorio de simas, hoyas, dolinas y lapiaces en el que alejarse del camino indicado es una garantía de problemas.
La marcha comienza en una pequeña área recreativa que hay encima de Urigoiti , con soberbias vistas del paredón oeste de Itxina. Se cruza una valla y se asciende por la pista que pasa junto a un depósito de aguas hasta una bifurcación con una arqueta. Se sigue a la derecha una pista que baja , aunque al poco vuelve a subir, vadea una torrentera y, tras cruzar una valla, se adentra en un hayedoque atraviesa por su parte inferior pasando junto a la plataforma de una carbonera. Pronto sale a terreno abierto, por el que remonta hasta el manantial de Aldabide, protegido por una gran peña.
Una vez en la surgencia, se debe remontar hasta la parte superior de la peña, donde comienza en viejo canal. Junto a él, unas toscas escaleras excavadas en la roca dan acceso a una senda que recorre el barranco mientras se va alejando de la acequia. En este primer tramo gana altura cómodamente , mientras deja atrás la gran canal que da acceso al collado desde el que se escalan las Atxak, y pasa bajo un evidente espolón justo en la vertical del Axkorrigan.
Una vez superado, un par de grandes peñas avisan de que ha llegado el momento de remontar el farallón. Sobre el excursionista, una gran predera da acceso a la gran canal que se va cerrando en las alturas hasta desembocar en el portillo. El sendero, difuso a tramos, pero oportunamente balizado con hitos, es empinado, aunque no ofrece dificultades. Remonta la extensa pedrera y se adentra en la herbosa canal superior, donde la gran pendiente otorga a la ascensión una sensación muy aérea. En el último tramo, la senda zigzaguea en la hierba hasta alcanzar el portillo de Atxaragun.
El objetico está cerca, si bien aún queda un último e incómodo tramo por el lapiaz. A la izquierda del portillo, el excursionista se aupa a la arista cimera y trepa por ella hasta el pequeño y viejo monolito del extinto Club Bancobao.

sábado, 12 de abril de 2008

Arraba, eje del Parque Natural del Gorbeia

Las campas de Arraba son el eje donde pivota parte del parque natural del Gorbeia. Encrucijada de caminos, lugar ancestral de pastoreo, constituye un destino sencillo para poder acudir con los más pequeños de la casa y contarles que en su basto pastizal se fundó un hospital antituberculoso cuando el siglo XIX tocaba a su fin.
La caminata se inicia en el área recreativa de Pagomakurre, donde las hayas y abedules cortejan a varios tejos centenarios. La pista desde aqui está prohibida para vehículos motorizados y rodea los majestuosos contrafuertes calizos de Lekanda sin pérdida.
La dura subida se prolonga divisando una hermosa panorámica del valle de Arratia y los montes de Durangaldea. El portillo de Arrabakoate, da la bienvenida a las campas de Arraba, prados circundados y recortados por las calizas de las cimas que protegen Itxina. Desde este lugar se abandona el cantil y se dirige el excursionista a la derecha franqueado por una hilera de abedules que alcanzan el detritus de los restos del viejo hospital.
Superado el refugio del Ganguren, se acerca hasta el arroyo del Ebro que se extiende en humedal donde con suerte se pueden observar tritones, salamandras, sapos comunes o ranas bermejas.
Si se sigue la corriente se puede observar cómo el arroyo desaparece en un gran embudo, en un paraje secreto del Gorbeia.
El excursionista se acercará al refugio de Elorriaga o Elorria, en donde poder enseñar a los más pequeños viejos vestigios de la guerra civil; aún es posible ver algún resto de un antiguo polvorín. También se pueden acercar al cantil de Pelotaleku para admirar el paisaje y para completar esta vuelta a Arraba.
La excursión continúa tomando la línea de los abedules para acercarse hasta Arrabakoate y seguir descendiendo al punto de partida por la misma pista.